¿Educas desde la abundancia o desde la carencia?


¿Educas desde la abundancia o desde la carencia?

 Querida amiga: no me estoy refiriendo a cuestiones materiales, ni a la posición económica que tengas, sino a como es tú relación con tus hijos.

 Sigue leyendo, quizás, te sorprenderás cuando acabes de leer este artículo.

Alguna vez ¿te has visto envuelta en alguna de las siguientes situaciones?:

  1.  ¿Crees que el mundo es demasiado hostil, que tu hijo(a) es muy inocente y no se  sabe  defender?
  2.    Constantemente piensas: ¡Pobrecito! ¡Cuánta tarea! ¡No le entiende! ¡Están viendo cosas  tan avanzadas en la clase!
  3.   A menudo ¿comparas a tu hijo(a) con sus compañeros de clase? Y ¿el resultado es desfavorable para tu peque?
  4.   ¿Impides que tu hijo(a) participe en algún(os) evento(s) porque de antemano sabes que no podrá ganar o no lo van escoger y no tiene caso someterlo al estrés de la competencia?
  5.  ¿Frecuentemente te angustias porque sientes: ¡No tengo tiempo!, ¡No puedo ayudar!, ¡Ya tengo bastante trabajo y problemas como para todavía dedicar tiempo a la tarea de la escuela?
  6. Por lo general eres tú la que decides por tu hijo(a), ejemplo, proyectos académicos, clases extra escolares, disfraces, poesías, que va a exponer.  
  7. Frecuentemente prefieres recoger tu sola la casa como juguetes, mesa ropa etc. Pues es más rápido para ti que tener que enseñarlos y lo peor, esperar a que obedezcan o soportar que lo hagan con mala gana.
  8. ¿A menudo te sientes sola con toda la responsabilidad de las obligaciones domésticas?

Amiga lectora, si contestaste afirmativamente al menos a dos de estas situaciones, déjeme decirte que estas educando desde la carencia, Sí, ¡desde la carencia! Y por consiguiente ¡No te quejes! estas contribuyendo muy activamente en formar a un ser dependiente, con bajo nivel de autoestima y responsabilidad.

 ¿Qué es educar desde la abundancia?

¡Muy simple!  Es darle confianza al niño desde su más tierna infancia de que ¡si puede!, es respetar la propia curva de aprendizaje del chaval y enfocarnos en lo que el peque ¡puede hacer! y no en lo que no puede.  Es verlo como un gran ser humano con un enorme potencial. No como un niñito frágil y desvalido.  No lo trate con lástima… ¡Trátelo con dignidad!

Si te ganaras 86 mil millones de pesos. ¿Los tirarías?, pensando: ¡Que Miedo! ¡Soy demasiado inexperta! Estoy en un mundo muy peligroso o ¿Los disfrutarías? invirtiendo en negocios, realizando viajes increíbles, compartiendo con los demás.

 Los 86 mil millones de pesos son los mismos. Lo que hará la gran diferencia, son las decisiones que tomes respecto a que vas a hacer con ellos. ¡Exactamente!  son 86 mil millones de neuronas o más, las que hay en el cerebro de tu peque ¡Listas para ser usadas y conectadas! para producir infinidad de conocimientos y experiencias. Hechas para adaptar exitosamente a tu hijo(a) al entrono que le tocó vivir, ¡por competitivo y demandante que este sea! ¡Así es!, la naturaleza nos dotó con un excepcional mecanismo de adaptación. En pocas palabras los seres humanos somos ¡todo terreno!

Educar desde la abundancia es quitarnos los miedos al fracaso, los falsos paradigmas y el sentido de urgencia.  Tu hijo(a) llegó a este planeta para ser independiente, pleno(a) y feliz.

¡Ayúdalo!, No seas una piedra de tropiezo. Quítate esas viejas creencias de que los niños no pueden trabajar duro, ni asumir riesgos o tomar decisiones. La naturaleza nos regaló la niñez ¡para aprender! Aprendemos jugando a ser hombres y mujeres fuertes.  Juega con tus peques a recoger la casa, asigna roles, aprecia lo que tus niños hagan, si  tu peque tiende la cama chueca no lo regañes anímalo diciéndole ¡qué bien! poco a poco adquirirá la habilidad. Fórmale el concepto de que el trabajo es fantástico, que está bien equivocarse y que  el intentarlo nuevamente nos hace fuertes como los superhéroes.

Educar en abundancia es orientar, pero no vivir por el niño, es dirigir, pero no sofocar. Los niños tienen que vivir sus propias batallas y equivocaciones, ¡Tienen que saborear sus propios triunfos! Descubrir que el mundo que les toco vivir ¡es el mejor!

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Autor: Lic. Clara Luz Ramos  A. Máster en Neurociencias.

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